Un nuevo estudio indica que la hipertensión pulmonar no influye en la mortalidad tras un trasplante de corazón
Según los resultados de un nuevo estudio, la presencia de hipertensión pulmonar no aumenta la mortalidad tras un trasplante de corazón. Dichos resultados se oponen a estudios anteriores que apuntaban a una mayor tasa de mortalidad entre los receptores de trasplantes con la enfermedad, considerada una contraindicación.
Debido a su alta tasa de mortalidad, el trasplante de corazón para tratar la insuficiencia cardíaca no se recomienda a los pacientes con hipertensión pulmonar, un trastorno progresivo caracterizado por la hipertensión de los vasos sanguíneos que irrigan los pulmones.
La mortalidad precoz de los trasplantados de corazón con hipertensión pulmonar se ha atribuido a la incapacidad del ventrículo derecho del nuevo corazón, que bombea sangre a través de las arterias pulmonares, para adaptarse a la hipertensión inmediatamente después de la intervención.
Investigadores del New York Medical College/Westchester Medical Center conjeturaron que, gracias a los nuevos medicamentos y a las mejoras en los cuidados críticos, el ventrículo derecho puede recibir apoyo tras la intervención, lo que le da tiempo a adaptarse y permite obtener mejores resultados precoces y a largo plazo en los pacientes.
Después de revisar los registros médicos de 120 pacientes que se sometieron a un trasplante de corazón en su clínica, los investigadores identificaron 98 con datos completos, de los cuales 31 tenían hipertensión pulmonar (32%). Las características previas al trasplante entre aquellos con y sin la enfermedad fueron similares.
Las tasas de supervivencia fueron similares entre los receptores de trasplante cardíaco con y sin hipertensión pulmonar a los 30 días (100% en ambos), al año (87% frente a 93%) y a los tres años (81% en ambos). La supervivencia fue la misma en los pacientes con hipertensión pulmonar más grave y las causas de muerte tras el trasplante fueron similares en ambos grupos. Por otro lado, el rechazo del injerto al año fue similar entre los pacientes trasplantados con y sin hipertensión pulmonar (43% frente a 55%).
En ambos grupos, las mediciones de la presión arterial pulmonar disminuyeron inmediatamente después del trasplante cardíaco y al mes. A los seis meses, las lecturas del flujo sanguíneo eran similares.
Los investigadores también examinaron las tendencias nacionales de los receptores de trasplante cardíaco con hipertensión pulmonar entre 1994 y 2018 del registro de la Red Unida para la Compartición de Órganos (UNOS, por su siglas en inglés). Entre los 58 317 pacientes que recibieron un trasplante de corazón, 12 421 (21%) tenían hipertensión pulmonar preexistente de alto riesgo.
Entre 1994 y 1999 (era temprana del trasplante), la supervivencia al trasplante fue similar en los pacientes con y sin hipertensión pulmonar (77% frente a 78%), y fue la misma, del 85%, entre 2014 y 2018 (era moderna del trasplante). La tasa de supervivencia a tres años mejoró significativamente a lo largo de las décadas. Mientras que el número de trasplantes de corazón aumentó de 1994 a 2018, el número de receptores con hipertensión pulmonar disminuyó del 25% al 19% durante el mismo período.
Según los investigadores, aún se necesitan estudios prospectivos de gran tamaño para confirmar la hipótesis de que, en la era moderna, la hipertensión pulmonar previa al trasplante ya no tiene por qué ser una contraindicación relativa para un trasplante cardíaco.