El cociente TAPSE/sPAP podría ayudar a evaluar los síntomas diarios de la hipertensión arterial pulmonar
El cociente TAPSE/sPAP, una medida obtenida mediante ecocardiografía, podría ayudar a evaluar de forma objetiva la gravedad de los síntomas cotidianos en personas con hipertensión arterial pulmonar (HAP). Así lo señala un estudio publicado en la revista BMC Pulmonary Medicine, que relaciona los valores de este indicador con las limitaciones físicas de los pacientes.
La hipertensión arterial pulmonar se caracteriza por una presión anormalmente elevada en las arterias pulmonares, los vasos que transportan la sangre desde el corazón hasta los pulmones. Esta situación obliga al ventrículo derecho a trabajar con mayor esfuerzo para impulsar la sangre, lo que puede provocar dificultades respiratorias, dolor torácico y una reducción de la capacidad para realizar actividades cotidianas.
Para valorar el impacto de la enfermedad, los profesionales sanitarios utilizan, entre otras herramientas, la clasificación funcional de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que distribuye a los pacientes en cuatro categorías según sus limitaciones. La clase I corresponde a personas sin limitaciones en la actividad física, mientras que la clase IV identifica a quienes presentan síntomas incluso en reposo.
El cociente TAPSE/sPAP combina dos medidas obtenidas mediante ecocardiografía. La primera, TAPSE, corresponde a la excursión sistólica del plano del anillo tricuspídeo y permite evaluar la función del ventrículo derecho. La segunda, sPAP, representa la presión arterial pulmonar sistólica. La relación entre ambas ofrece información sobre la capacidad del corazón derecho para trabajar frente a la presión existente en los vasos pulmonares.
Los investigadores analizaron los datos de 150 personas con hipertensión arterial pulmonar para determinar si este cociente se relacionaba con la gravedad de las limitaciones funcionales. Los resultados mostraron una asociación significativa: cuanto más elevada era la clase funcional de la OMS, menores tendían a ser los valores de TAPSE/sPAP.
Las diferencias fueron especialmente claras entre los extremos de la clasificación. Los pacientes de clase I presentaron una mediana del cociente de 0,75 mm/mmHg, mientras que en los pacientes de clase IV la mediana fue de 0,25 mm/mmHg. Estos datos indican que una menor relación entre la función del ventrículo derecho y la presión pulmonar se asocia con limitaciones físicas más graves.
El análisis estadístico también identificó un punto de corte de 0,31 mm/mmHg. Con este valor, el indicador identificó correctamente al 64,4 % de los pacientes de las clases III y IV, que presentan limitaciones moderadas o graves, y al 96,7 % de los pacientes con menor afectación funcional.
Según los autores, estos resultados respaldan el uso del cociente TAPSE/sPAP como una medida objetiva complementaria a la evaluación de los síntomas. Su obtención mediante una prueba de imagen habitual podría aportar información adicional durante las consultas y ayudar a los profesionales a valorar el estado funcional de los pacientes.
No obstante, el estudio presenta limitaciones importantes. Los datos procedían de pacientes atendidos en un único centro y las evaluaciones se realizaron en un solo momento, por lo que no permiten determinar si los cambios en el cociente reflejan la evolución de la enfermedad a lo largo del tiempo.
Los investigadores consideran necesarios nuevos estudios multicéntricos y prospectivos, con un seguimiento prolongado y mediciones repetidas, para comprobar si las variaciones del TAPSE/sPAP acompañan a los cambios en los síntomas y permiten anticipar los resultados clínicos en diferentes grupos de pacientes con HAP.
En definitiva, el cociente TAPSE/sPAP podría convertirse en una herramienta útil para complementar la valoración de la gravedad y el impacto funcional de la hipertensión arterial pulmonar, aunque se necesitan más investigaciones antes de establecer su papel definitivo en el seguimiento clínico.